jueves, 10 de enero de 2013

Miguel Hernández











Lo tuyo fue el surco profundo,
la arruga en el rostro curtido,
la hendidura causando mella.
Fueron tus versos azadazos
de sinceridad desplegada.
Sembraste en todas las ranuras
palabras de grandes señales.
Tu cerebro de mil cisuras
circunvaló todas las penas.
Canal púrpura. Muesca herida.
Las huellas de tus pies descalzos
mancharon el suelo de la cárcel
y en el papel higiénico quedó
la santa faz de su semblante noble.

miércoles, 24 de octubre de 2012

1949








Mil novecientos cuarenta y nueve.
Dieciocho años. ¡Qué ternura de foto!
Por la calle Játiva vas paseando
con tu querido novio. ¡Qué exquisita!
¡Qué halo de felicidad te rodea!
¡Cuántas ilusiones y esperanzas!

Leyendo tus cartas de amor siento
la noble grandeza de tu pasión.
Princesita soñadora, peleaste
la relación hasta la enfermedad.
Si volabas buscando las estrellas,
¿por qué naufragaste a los cuarenta?