I
Esta es la feria de las vanidades y las envidias.
El final decepcionante. Una mentira la vida.
II
Yo ladro. Pero soy fiel. Olvido. Si quise, quiero.
Tú maúllas. No perdonas. Arañas los sentimientos.
III
Ven, hermana. Sueña el sueño. Cabalga. Pica espuelas.
Que allá adonde vamos, padre, aunque muerto, nos espera.
IV
Delante de mi un geranio. Simple criatura esclava
de la tierra. Yo, con piernas, soy esclavo sin alas.
V
Los árboles no huyen ni gritan. Sólo permanecen.
Nosotros unos cobardes huyendo de la muerte.
VI
Un zarpazo en el corazón. En el ojo una espiga.
Desde entonces sangro y lloro, mi querida asesina.
VII
Ya sembraste. Espera. No te tires. Quizá algún día
llueva en la tierra de tu cuerpo y sientan tu poesía.
VIII
En estos días de lluvia mi perra me acompaña
y ayuda a soportar este diluvio de nostalgias.
IX
La soledad me ha cogido de la mano y me lleva
al álbum de fotos donde mi padre se revela.
X
Tu cuchillo no cortará el agua, ni la tristeza
de mi corazón, ni el hilo suicida de mi poema.
XI
Llegué tarde pero dicen que nunca es tarde para
empezar y ser lo que quisimos ser: polvo y nada.
XII
Rojo, rosa, perfume, vaso, agua, sed, por ti sangro,
llevo clavada la rosa roja de tu cuerpo árido.
XIII
En el jardín se ha quedado solo. Sólo se mueven
las hojas. Lo demás está quieto como la muerte.
XIV
Esperar. Siempre esperar. Cuánto tarda todo. Tengo
raíces por pies, hojas por manos, ramas por deseos.
XV
Duele. No apagará este dolor ni la misma muerte.
Abrid mi tumba. Aún veréis mis huesos retorcerse.
XVI
Corre el año dos mil ocho. Tengo cincuenta y cuatro
años y nací en mil novecientos cincuenta y cuatro.
XVII
Caen sobre el velo de novia doce campanillas
calabazas. En el suelo hay otras doce marchitas.
© Alfonso Aguado Ortuño 2009